lunes, mayo 02, 2011

Rest: Capítulo 27



Hey ¿puedes oírme? Estoy llamando tu nombre. ¿Hola? ¿o es este un adiós? El brillo en tus ojos complica mi cerebro ¿Lo veré otra vez? Así puedo descansar mi mente.
Angel; ángel... bailando a lo lejos mientras todos mis pensamientos se reorganizan.
Ángel; ángel... Alejándose justo cuando las cosas parecían haber cambiado, así puedo descansar mi cabeza


El día de mi cumpleaños llegó bastante rápido. Once días de que Sussan había desaparecido de mi vida por completo y no aún no me acostumbraba a la idea de lo que era; pero tenía muchas noches libres para pensarlo, darle miles de vueltas; y aquello bastaba para que todos notaran lo diferente que andaba últimamente.

No iba a tocar con Mike en el garaje, y si salía era para ir a drogarme y así pensar claramente;  iba a emborracharme a cualquier lugar, o lo que fuese.
Mi cabeza necesitaba un descanso, la incertidumbre me estaba matando lentamente.

- Pareces un zombie- me dijo mi mamá cuando me fui a acostar el 16 de febrero.- Descansa bien para mañana.
- Está bien.- le dije y me acerqué para darle un beso de buenas noches.- Y tú también deberías descansar.
Asintió y apagó las luces de la cocina y de la sala.
- Subiré en un rato.

Sabía que no sería así. Subí a mi pieza y me acosté sobre las sábanas de la cama que hace dos semanas no me molestaba en hacer. Con suerte me bañaba cuando ni siquiera yo podía soportar mi olor a cerveza y cigarrillos; no me molestaba ver mi ropa tirada por todos lados y la cama desordenada. A nadie le importaba. 

Jugué un rato con el gato de mi hermana y después bajé a la sala, para encontrarme con mi mamá, y  la caja de fotos de papá en su regazo; dormida sobre el sillón con el televisor encendido. 

La tomé con cuidado por los brazos y la obligué a despertarse.
- ¿Qué…?- dijo media dormida.
- Shh… te quedaste dormida, pero deberías estar en tu pieza.- musité despacio, ayudándola a ponerse de pié
- No me di cuenta…
- Obvio que no.- reí.- Te dije que descansaras
- Eso haré.

La ayudé a subir a su habitación y luego me fui a acostar.
Esa escena se repetía varias veces en la semana. Extrañamente, se estaba acordando demasiado de papá; y se ponía a ver sus fotografías para aferrarse a su memoria.
En ese momento pensé en lo mucho que me hubiese gustado conservar una foto de Sussan.
Otra vez volvía a mi mente. ¿No iba a poder descansar nunca sin que me atormentara su recuerdo?

En la noche no pude dormir. Esperé que fueran las doce de la noche y me canté a mí mismo el “cumpleaños feliz”.
Dieciséis años, gran cosa.

Amaneció y yo no había dormido más de dos horas en toda la noche. Era inútil seguir acostado, así que me lavé la cara, hice mis necesidades y me afeité. Me corté en el mentón pero eso daba lo mismo. 

Después bajé al patio a limpiar el desorden que siempre dejaba el perro con el maldito gato en la noche, y traté de demorarme lo más que pude.
Así hacía todas las cosas en el último tiempo, no porque no quisiera hacerlas o porque estuviera desganado; sólo me demoraba lo más que podía para mantener mi mente ocupada en cualquier estupidez.

Cuando entré, mi mamá ya se había despertado. Me vio atravesar la puerta de la cocina (que era la que daba al patio de atrás) y se lanzó sobre mí.
- ¡Feliz cumpleaños!-me gritó en el oído, dejándome casi sordo.
- Gracias mamá- le dije a penas, pero no me soltó. Estuvo como cinco minutos apretándome.
- Cada día creces más, mi bebé… ¡Cómo pasa el tiempo!- empezó a decir hasta que las lágrimas brotaron de sus ojos. Hace días que andaba extremadamente  sensible.
- No llores, no harás que el tiempo se devuelva con amargarte.- le dije y sonreí.
- Tienes razón- se secó las lágrimas.- Pero… ¡dieciséis años!
- Espero que me queden muchos más.- mentí.-
- Obviamente, tienes toda la vida por delante.- asentí.- Y bien… ¿Qué quieres que cocine para hoy?
- Da lo mismo, me gusta todo lo que haces.. o casi todo.- respondí
- ¿Lasaña?- levanté la vista. Era mi plato preferido
- No podría pedir nada mejor.- la abracé, pero sin signos de estrangulamiento de mi parte.-¿Dónde están los demás?
- Llegarán más tarde a saludarte, no te preocupes. 

Asentí. No estaba preguntando por eso en realidad. Pero no importaba.
Subí a mi habitación, y encontré una correa nueva para Blue, obviamente de parte de mi mamá.
Después de un rato (o bastante rato, pero da lo mismo); llegó Mike a saludarme.
Como era mi cumpleaños podía quedarme en mi casa, y como la mamá de Mike no se preocupaba mayormente de él o dónde andaba,  se quedó conmigo.
Hablamos de idioteces (como imaginarnos a nosotros mismos en 16 años más) y luego fuimos a comer.

Estaba delicioso; y por fin le tomé el sabor a la comida luego de semanas de comer por inercia. La lasaña era mi comida preferida del mundo, aunque hubiese sonreído plenamente si en vez de agua hubiese cerveza en el vaso que estaba bebiendo; pero lo consideré un simple detalle.
En la tarde llegaron mis hermanos, me saludaron ellos, mis sobrinos y los demás de la familia. Me regalaron uñetas, discos y cosas que agradecí de verdad.

Mike se fue en la noche, los que vivían en la casa conmigo se fueron a acostar porque tenían que ir a trabajar y yo obligué a mi mamá para que hiciera lo mismo.
Ahí había terminado mi día especial.
Sin cambios en mis emociones…

-I’ve become… comfortably numb…- canté cuando me fui a acostar.
Cuando me tendí en la cama lo hice por costumbre, pero a penas puse la cabeza en la almohada me bajó un sueño increíble.
Todas las horas sin dormir se notaron inmediatamente y me quedé dormido profundamente.

Creo que estuve un tiempo con la mente en stand-by (la mejor parte del sueño en sí) y luego empecé a hacerme conciente.

Estaba soñando con que estaba en mi cama, pero era un sueño diferente a los que tenía normalmente, me pude dar cuenta enseguida.
 Era como si me hubiese despertado y estuviera en mi pieza, aunque sabía que seguía durmiendo.
Las cosas tenían las proporciones adecuadas y podía distinguirlas bien.
Me quedé sentado, esperando alguna señal supongo cuando vi aparecer a Sussan a un lado de la cama. ¿Desde cuándo volvía a soñar con ella?

-No te asustes, y por favor no trates de despertar.- me dijo susurrando, adivinando mis pensamientos incluso antes de que se formaran en mi mente
-¿Tú….? ¿Qué haces aquí?- inquirí.- ¿Eres mi subconsciente o de verdad estamos hablando?
-Interprétalo como tú quieras.
-Quiero creer que es de verdad.- respondí.
-Bien. Vine a saludarte por tu cumpleaños. No creas que lo olvidé.
-Eso es lo menos importante.- le dije algo enojado.-¿Cómo estás? ¿Qué es esto? ¿Un adiós o algo que me haga pensar que volverás?
-Es un saludo… no es un adiós. Pero tampoco es sinónimo de que volveré.- suspiré.- Se supone que no debería estar aquí.

Se acercó a mi lado de la cama. Pensé que no podría moverme, pero pude sentarme normalmente y traté de acortar la distancia entre nosotros que parecía mínima, pero mientras más trataba de acercarme, ella parecía alejarse más.
Comprendí que no sería capaz de estar más cerca de ella de lo que ya estaba, así que dejé de insistir.

Se veía hermosa. Ella era hermosa.
Me quedé mirándola por unos minutos, sólo concentrado en sus ojos, en ningún otro detalle más que el reflejo de sus pupilas. Hasta que algo adicional llamó mi atención: un par de alas blancas que salían de su espalda, enormes en comparación a su cuerpo delgado y frágil.
                                                                                       
-Tengo muchas preguntas que hacerte.- solté luego de un rato.
-No tengo mucho tiempo.- me entristecí.- Una pregunta
-No, no puedo hacerte sólo una pregunta.- musité, muy despacio.- Te extraño, y todo ha sido extremadamente aburrido sin ti
-No puedes dejar que eso pase.- la miré extrañado.-No puedo explicarlo bien, pero aunque te cueste tienes que estar bien
-¿Por qué?
-Sólo hazme caso, necesito que seas fuerte. Por ti y por mí. Haz tu vida normal, exactamente como lo hacías antes de conocerme
-Pero...
-Si no lo haces, los de aquí se darán cuenta que sufres por mi culpa y me borrarán de tu mente.- me explicó.
-Está bien; pero…¿cuándo vas a volver?
-No lo sé.- la miré fijamente, luego admiré el resto de su cuerpo por primera vez.

Me sentí feliz sólo al observar gesticular una sonrisa, torcer levemente los labios al hablar, cómo inclinaba su cabeza y el cabello le caía sobre los hombros. Cabello que ya no era negro, sino que un castaño claro, que brillaba inusualmente.

- Mi color natural.- me explicó
-Me gusta
-Gracias.- se acercó a mí, como yo no había sido capaz de hacer anteriormente.- Ahora debo irme, sólo vine a saludarte, y para que sepas que estoy bien.
-No te vayas, por favor.- le rogué. Pero no me hizo caso. Se acercó a mí y me besó. O eso pareció, porque se acercó y pude ver su cara junto a la mía, pero no sentí su tacto en ningún momento.-
-Adiós Billie, y recuerda lo que te dije.
-Sussan…- musité, pero ya se había ido.

Desperté súbitamente, con un sudor frío recorriendo mi rostro. Eran como las tres de la mañana, o eso creí haber visto en el reloj que estaba sobre el velador.
El sueño había sido real, estaba seguro. Había hablado con Sussan, pero no sabía si sentirme feliz o triste por eso; había sido muy poco tiempo…
Hubiese dado lo que fuera porque hubiese estado a mi lado al despertar, por haber sentido sus labios sobre los míos, o simplemente una caricia o su respirarción chocar contra mi rostro una última vez. 

domingo, mayo 01, 2011

Rest: Capítulo 26





Las piernas me temblaban, y si hubiese tenido corazón estoy segura que habría latido con furia durante esos interminables segundos en los que avancé hasta llegar al frente de esa figura impotente, de ropas blancas y mirada penetrante.

- Sussan… ¿Cómo has estado?- dijo con voz de ultratumba, tan fuerte que produjo  eco en toda la habitación.
- Ha podido ser mejor.- dije, tratando de no demostrar lo nerviosa que estaba
- Uriel comentó que querías que yo presidiera tu audiencia por algo en especial ¿cierto?
- Sí.- respondí y noté que quería entrar en mi mente.

Con todo el esfuerzo que pude bloqueé todos mis recuerdos con Billie Joe. Cuando el Guardián desistió, abrí los ojos y noté cierta frustración en su mirada. Luego desvié la vista hacia Uriel, quien me miraba con sorpresa.

- Nunca me había pasado esto.- dijo el Guardián.- ¿Qué le has enseñado?- lo último fue dirigido a Uriel
- Nada, un simple bloqueo de recuerdos… No pensé que fuera efectivo contigo.- dijo sin dejar de sonar asombrado.
- Como no puedo saber qué pasa por tu mente necesito que me digas qué sucede.-Miré a Uriel asustada. No sabía qué decir exactamente.
- Yo… creo que…
- ¿Qué?
- Billie, mi misión; y yo somos almas gemelas.- dije de una, sin dilatar más la situación.
- Imposible. Tú moriste, y él era tu misión. Tu salvación dependía de su felicidad. Lo sabías.
- Sí, pero resulta que… su felicidad es conmigo.- solté sin pensarlo
- Ese es un pensamiento bastante … ególatra ¿No crees?- me preguntó con ironía.
- Sí, puede ser. Pero… el asunto es que; siempre hubo una conexión especial entre nosotros.- le expliqué-
- ¿Por cuánto tiempo mantuviste una relación con él a pesar de que eso estaba completamente prohibido?- me quedé sin palabras.- No es necesario ser adivino para suponer que tuvieron algo.
- Un mes.- respondí
- ¿Y crees que en un mes puedes saber si hay amor?- rió.- Eres bastante ingenua.
- Yo creo que se puede saber al primer segundo de conocer a alguien.

Se quedó en silencio. Nuevamente quiso entrar en mi mente, y esta vez no me resistí. Creo que quedó impactado al darse cuenta de que la conexión de la que le hablaba estaba ahí.

- ¿Qué pretendes que yo haga si estás enamorada de él?- me preguntó luego de un rato.- ¿Quieres que te asigne a otra persona para salvarte?
- No
- ¿Entonces?
- Quiero volver a ser humana
- Imposible
- Mentira. Yo sé que mi destino era morir para conocer a Billie Joe, y sé que cuando dos personas nacen para estar juntas ni aquí en el cielo pueden detenerlos.
- Créeme que sí. Sino todas las personas que se aman volverían de la muerte para seguir amándose ¿no crees?
- No es lo mismo, yo quiero una oportunidad para ser feliz
- Ya tuviste tu oportunidad.- me dijo sin perder la calma, mientras yo me alteraba más y más
- Pero… yo sé que somos almas gemelas, y la única forma que tenía para conocerlo era al morir.
- Pero las cosas son por algo, lástima que lo conociste al morir… pero no puedes volver a la Tierra por un capricho así.
- ¡No es un capricho! Además, acabas de decir que las cosas pasan por algo. Yo creo que era mi destino que todo esto pasara
- ¿Qué te hace pensar que eres especial?
Me quedé en silencio, no tenía nada que responder a eso.

- Nunca había visto una conexión tan fuerte en todos estos años- dijo Uriel desde atrás- Es incluso visible cuando están juntos. Además, se comunican por sueños
- Ya me di cuenta de eso- respondió el Guardián.
- ¿Entonces? ¿Qué más pruebas necesitas? Lo que ellos tienen los hace especial, y cualquiera te diría que merecen una oportunidad de estar juntos.
- Puede ser, pero aún así… no depende de mí que vuelvas o no, y las condiciones que se te impondrán.
- ¿Condiciones?- inquirí
- Obviamente, no querrás ser humana nuevamente, desafiarnos y decirnos que tal vez cometimos un error…
-Nunca dije eso.- le interrumpí, pero siguió hablando como si mi intervención nunca hubiese existido.
-… y no tengas que renunciar a algo o tener condiciones. Nada aquí es incondicional, recuérdalo.- asentí.- Uriel… ¿tú abogarás esto?
-Sí.- respondió con firmeza
-Muy bien… yo no declararé ni a favor ni en contra. Los hechos deberían hablar por sí mismos.
-¿Dónde iremos?. Pregunté-
-¿Tú? A ningún lado. Esta conversación, y todo lo que vi en tu mente será enviado al último… ‘piso’ por llamarle de alguna manera, junto con Uriel… y ahí él te dará detalles.
Asentí, aunque no comprendía mucho.
Uriel se acercó a mí y me abrazó; una muestra de apoyo que jamás había recibido de parte de él.

-Ahora es cuando tienes que ser fuerte, porque tú fuerza será mi fuerza.- me dijo.
-¿Qué tengo que hacer?
-Esperar hasta que sepas de mí.
-¿Puedo bajar?
-Absolutamente no.- me dijo.- Nada de aparecerse en sueños tampoco, es en serio.
-Está bien- le dije y me sentí agotada, como si cada centímetro de mi cuerpo pesara toneladas y estuviera a punto de derrumbarse.
-Esto sólo ha sido el comienzo, una de muchas puertas que tendrás que ir abriendo. Las próximas serán mucho más agotadoras. Aún puedes arrepentirte… me dijo, esperando algún tipo de respuesta pero no podía concentrarme bien.- Cuando yo me vaya de aquí no habrá vuelta atrás. ¿Estás segura que quieres seguir?
-Sí.- dije juntando algo de fuerza para materializar la palabra en mi mente
El arcángel no dijo nada. Estiró sus alas y fue avanzando lentamente.

-Espera hasta que yo aparezca de nuevo, y ten fuerza. Si te sientes agotada, ya sabes qué sucede.
-¿Dónde me quedo por mientras?
-Con los demás ángeles en el purgatorio- me dijo y lo vi desaparecer mientras aún me llegaba en la cara la brisa que dejaba el movimiento de sus alas. 

domingo, abril 03, 2011

Rest: Capítulo 25


- Ustedes dos son demasiado tercos, ya entiendo porqué están destinados a estar juntos.- me dijo Uriel cuando ya estaba de vuelta en la casa.
- Traté de convencerlo, de verdad… pero si no quiere; no puedo obligarlo. Al menos no le estoy mintiendo
- Lo sé, aunque… estoy seguro que cuando esto termine y los demás se enteren de lo que he hecho me van a castigar; y feo.- hizo una mueca
- Lo siento, pero piensa que le haces un bien a la humanidad.- negó.- Ok, a dos personas que serían completamente infelices si no fuera por tu ayuda
- Eso suena algo mejor…
- En todo caso, no pasa nada aún.
- Tres semanas se pasan más que rápido.

Suspiré; tenía toda la razón.
Tres semanas pasaron volando, consumiendo cada minuto, cada segundo de tranquilidad que nos quedaba a Uriel, Billie y a mí.

En el colegio las cosas eran normales, tareas, trabajos grupales, pruebas; Billie y Mike se escapaban al menos dos veces por semana (en las clases que por más esfuerzos que hicieran iban a reprobar de todas formas) y nadie sospechaba nada extraño en nosotros.
Éramos una pareja contenta que recién empezaba con su romance, incluso para Mike nuestros problemas pasaban desapercibidos, pero no la última semana de enero.

El bloqueo se deshizo y con Billie decidimos terminar. Sin rodeos, sin despedidas dramáticas y sin llantos. No era que dejaríamos de vernos, sólo evitaríamos cualquier tipo de contacto físico.
El primero en notar el cambio que habíamos experimentado fue Mike.

- ¿Qué les pasó?- nos preguntó cuando salimos de clases.-
- ¿De qué hablas?- pregunté, haciéndome la que no sabía de qué hablaba
- No han estado pegados en todo el día, con suerte se hablan y ni siquiera se miran a los ojos.- argumentó
- Terminamos - fue el turno de Billie, sonando bastante enojado
- ¿Qué? ¿Por qué?
- Me tengo que ir a NY la próxima semana, y es mejor así…- le expliqué
- No me habías contado
- No quería hacer un drama de eso.
- ¿Te vas… para siempre?
- No, no lo sé… planeo volver pero no estoy segura de cuando.- silencio.
- ¿No pensabas contarme?- Mike sonó más que dolido
- Sí, obvio que sí. Pero… no todavía; no sé ¿Para qué hacer show antes de tiempo?
- Nos darías tiempo para organizarte una despedida.- me respondió
- Bueno… pero ya sabes ahora.
- ¿Cuándo te vas?
- El seis.- dijo Billie en un susurro, interrumpiéndome.
- O sea, en una semana-
- Brillante conclusión Mike.- dije riéndome.
- Tenemos tiempo para organizar algo
- No es necesario, en serio.- le dije, porque realmente no lo era.
- ¿Podrían dejar de hablar como si fuera algo bueno? Porque no lo es. Y sabes…
- Lo sé, lo siento.- interrumpí a Billie antes que dijera algo más de lo que debía.

Mike se quedó en silencio, notando lo mucho que le afectaba a Billie la situación.
Lo que quedaba del trayecto lo hicimos en silencio, hasta que me despedí de ellos y entré.

Aunque no hubiese querido, los pensamientos de Billie se colaron inmediatamente en los míos, y me enteré de que Mike le preguntaba por qué le afectaba tanto, si llevábamos tan poco saliendo.
Pensé que iba a decirle algo, pero un simple “no lo sé” de su parte bastó para que Mike dejara de hacer preguntas, al menos por ahora.

Cuando ya se hizo de noche, y no supe qué hacer me fui a acostar y decidí conectarme con los sueños de Billie.
Hablamos un poco (nada importante) y le conté que no iría a la escuela en lo que quedaba de la semana. No me reprochó nada, sólo asintió y me dijo que me echaría de menos.
No quise responderle que yo también, más de lo que imaginaba pero no lo hice porque pensé que era lo mejor. Separarnos gradualmente hasta que se hiciera definitivo.

Como le había dicho a Billie, no me aparecí por la escuela en la semana y hablé con el director explicándole que debía volver a NY. Me cargaba dar explicaciones, pero era necesario… además así le ahorraba a Billie y Mike que los llamaran para preguntarles por mí.
En las tardes Mike iba a visitarme, pero Billie no se apareció ningún día, y yo dejé de aparecer en sus sueños, respetando su decisión de no verme más.

- Realmente no entiendo porqué le afecta tanto.- me dijo Mike el jueves.- O sea, no te vas al fin del mundo…
- Lo sé; pero… el asunto es que no sé si alguna vez podré volver, o si podremos mantenernos en contacto
Mike torció una mueca, y esperó algunos segundos para seguir hablando.

- Yo sé que me dijiste que no querías despedidas, pero creo que… podríamos hacer algo mañana de todas formas
-¿Algo como qué?- inquirí levantando una ceja.
-Cerveza, música; tú, yo y Billie si es que quiere…-
-Me parece bien
-¡Genial! ahora me voy a casa antes de que mi mamá me extrañe demasiado.
-Mañana entonces… ¿en casa de Billie?- él asintió- Nos vemos.

Nos despedimos de un beso en la mejilla y luego se fue.
Esa noche decidí aparecer en el sueño de Billie por última vez.

-Pensé que te habías olvidado de mi existencia.- me dijo Billie cuando se percató de que estaba junto a él.
-Tú no me has ido a ver, podría decir lo mismo.- agachó la cabeza
-No quiero que vayas a hacer… esa audiencia- no me quería mirar a los ojos.- Podría salir todo mal…
-Las cosas van a salir bien, en serio.- me acerqué a él y le acaricié la mejilla.
-¿Cómo puedes estar tan segura?
-No puedo estarlo, sólo espero que sea así… tengo fe en que las cosas resultarán.-
-¿Qué es lo peor que te podría pasar?
-Me condenarían a ir al infierno… supongo.- lo dije tan tranquilamente que hasta yo me sorprendí.- Pero si mi destino es estar ahí, estaré de todas formas; sea por esto, o por cualquier otra cosa. No te sientas culpable.
-No me puedes pedir eso
-No sabrías que me pasó en todo caso. No sabrás nada de mí hasta que todo termine.
-¿Cuánto se pueden demorar?
-Días, semanas… meses; años. No tengo idea.- noté que Billie se entristecía.- Pero eso no importa, no vine a eso.
-Lo supuse
-Mañana Mike me hará algo así como una despedida… ¿estarás?
- ¿Quieres que esté ahí?
- Por supuesto que sí.
- Entonces sí estaré.- trató de sonreírme, sin tener mucho éxito.  
-Entonces nos vemos ahí.- le dije y empecé a desvanecerme.
-¡Sue! ¡Espera…!- oí que Billie me llamaba pero no iba a devolverme. No estaba bien que usáramos los sueños para comunicarnos y dejarnos dominar por nuestras emociones.

Cuando desperté en la mañana, Uriel ya se había ido. Me había comentado que hablaría con los de la junta para explicarles que yo iba a presentar hechos importantes, y que era necesario hacerlo arriba.
Ordené un poco las cosas, me vestí y esperé que la hora avanzara.
Me sentía ansiosa, y no sabía qué hacer para controlarme. El tiempo se me iba demasiado rápido. No me di cuenta cuando ya eran las seis de la tarde, y Mike estaba tocando la puerta junto a Billie para irnos a su casa.
Los saludé, y sin mencionar la palabra “despedida” en todo el trayecto llegamos a su casa.
Ollie me recibió con un fuerte abrazo.
-Te extrañaremos, de verdad.- me dijo conteniendo las lágrimas.

No supe qué decirle, por lo que no dije nada y luego de ser abrazada por ella algunos minutos miré a Mike con enojo.
-¿Le contaste a todo el mundo?- inquirí cuando había logrado zafarme de la madre de Billie
-Ella merecía saberlo.-

Era verdad. Me había encariñado algo con ella, era imposible no hacerlo de todas formas.
Cuando llegamos al garaje, vi que tenían todo el alcohol listo para beber, las guitarras conectadas y varios discos para escuchar.
La primera cerveza fue en mi nombre, y no paramos de beber en todo el rato desde ese momento.
Mike fue el primero en embriagarse hasta empezar a decir idioteces y ponerse sentimental. Creo que terminó llorando cuando me entregó una carta de despedida. Luego de eso quiso beber más, pero se quedó dormido en el sofá.
Billie y yo en cambio estábamos bastante sobrios (yo más que él, claro) Y nos quedamos conversando un rato más.

-Yo también te tengo algo- me dijo, y luego de desaparecer por algunos minutos volvió con un trozo de papel doblado en su mano.- Léelo cuando llegues a tu casa, o lo que sea.
-Está bien.- le dije y llevé mis manos hasta mi nuca. Desabroché el collar que tenía en el cuello y se lo pasé.- Soy pésima escribiendo, así que… esto es para que te acuerdes de mí cuando no esté
No me dijo nada, sólo asintió y lo recibió.
-Creo que me voy ahora.- le dije. No quedaba nada más que hablar, nada que discutir, nada que hacer- Te extrañaré, más de lo que imaginas
-Yo más…- se acercó lentamente, temiendo que lo rechazara hasta que estuvimos cerca y me besó.

Fue el beso más doloroso que habíamos compartido. Pero no por ese ardor al tocar su piel, sino porque sabía que sería el último que le daría en mucho tiempo.

 Quise guardar en mi memoria lo que sentía, y sin querer dejé que unas lágrimas resbalaran por mi mejilla.
-No me olvides para cuando vuelva.- le pedí sin separarnos por completo.
-Te voy a estar esperando…

Asentí y me fui antes de que fuera demasiado tarde.
Esa era nuestra despedida, en ese beso quise demostrarle todo lo que me pasaba, pero no fue suficiente. Nunca sería suficiente.

Volví a la casa llorando desconsoladamente, pero el llanto cesó de inmediato cuando noté que todo en la casa había cambiado. No había muebles y una niebla espesa recorría todo el lugar.
Divisé a Uriel y me sonrió, para darme fuerza.

-Te estábamos esperando- me dijo y me tendió su mano, la que volvía a tener el color y textura de cuando lo conocí.
-Espero que el asunto que tengamos que conversar no sea lo que espero.- Me dijo alguien que no reconocí.
-Esperemos llegar y hablamos- le dijo Uriel con tono solemne, y luego se dirigió a mí- Nunca practicamos esto, pero debes sostener mi mano y no soltarla porque vamos a ascender.
-¿Cómo?
-Levitando.- me asusté-Pero no es nada del otro mundo.- dijo irónico. Me enfadé ¿Cómo podía bromear en ese momento?- ¿Lista?
-No lo sé
Me tomó con fuerza y sentí que él se elevaba y me tiraba desde alto.
Me impulsé tratando de saltar, pero mis pies estaban como pegados al suelo.

-Cierra los ojos y déjate caer.- sentí que Uriel me susurraba.

Le hice caso y de inmediato sentí que mis pies dejaban de tocar el suelo, y todo mi cuerpo emprendía el viaje hacia arriba.
Pasaron pocos segundos cuando sentí que algo me atravesaba todo el cuerpo, desde la cintura hacia arriba y ahí supe que el cuerpo humano que tenía había quedado atrás.
Ahora mi piel era grisácea (igual que la de Uriel); mi cabello brillaba como si tuviera diamantes y las alas que habían sido tatuadas ahora eran reales en mi espalda.
Había dejado el mundo de los humanos, había llegado mi hora. Suspiré y traté de calmarme. Todo había sido tan rápido que no había tenido tiempo para asimilar nada.

- Aquí estamos… suerte.- me dijo Uriel, y juntos entramos donde El Guardián nos esperaba, listo para empezar su interrogatorio; y yo tuve que estar lista para responder todas sus preguntas y presentarle mi caso.