domingo, mayo 01, 2011

Rest: Capítulo 26





Las piernas me temblaban, y si hubiese tenido corazón estoy segura que habría latido con furia durante esos interminables segundos en los que avancé hasta llegar al frente de esa figura impotente, de ropas blancas y mirada penetrante.

- Sussan… ¿Cómo has estado?- dijo con voz de ultratumba, tan fuerte que produjo  eco en toda la habitación.
- Ha podido ser mejor.- dije, tratando de no demostrar lo nerviosa que estaba
- Uriel comentó que querías que yo presidiera tu audiencia por algo en especial ¿cierto?
- Sí.- respondí y noté que quería entrar en mi mente.

Con todo el esfuerzo que pude bloqueé todos mis recuerdos con Billie Joe. Cuando el Guardián desistió, abrí los ojos y noté cierta frustración en su mirada. Luego desvié la vista hacia Uriel, quien me miraba con sorpresa.

- Nunca me había pasado esto.- dijo el Guardián.- ¿Qué le has enseñado?- lo último fue dirigido a Uriel
- Nada, un simple bloqueo de recuerdos… No pensé que fuera efectivo contigo.- dijo sin dejar de sonar asombrado.
- Como no puedo saber qué pasa por tu mente necesito que me digas qué sucede.-Miré a Uriel asustada. No sabía qué decir exactamente.
- Yo… creo que…
- ¿Qué?
- Billie, mi misión; y yo somos almas gemelas.- dije de una, sin dilatar más la situación.
- Imposible. Tú moriste, y él era tu misión. Tu salvación dependía de su felicidad. Lo sabías.
- Sí, pero resulta que… su felicidad es conmigo.- solté sin pensarlo
- Ese es un pensamiento bastante … ególatra ¿No crees?- me preguntó con ironía.
- Sí, puede ser. Pero… el asunto es que; siempre hubo una conexión especial entre nosotros.- le expliqué-
- ¿Por cuánto tiempo mantuviste una relación con él a pesar de que eso estaba completamente prohibido?- me quedé sin palabras.- No es necesario ser adivino para suponer que tuvieron algo.
- Un mes.- respondí
- ¿Y crees que en un mes puedes saber si hay amor?- rió.- Eres bastante ingenua.
- Yo creo que se puede saber al primer segundo de conocer a alguien.

Se quedó en silencio. Nuevamente quiso entrar en mi mente, y esta vez no me resistí. Creo que quedó impactado al darse cuenta de que la conexión de la que le hablaba estaba ahí.

- ¿Qué pretendes que yo haga si estás enamorada de él?- me preguntó luego de un rato.- ¿Quieres que te asigne a otra persona para salvarte?
- No
- ¿Entonces?
- Quiero volver a ser humana
- Imposible
- Mentira. Yo sé que mi destino era morir para conocer a Billie Joe, y sé que cuando dos personas nacen para estar juntas ni aquí en el cielo pueden detenerlos.
- Créeme que sí. Sino todas las personas que se aman volverían de la muerte para seguir amándose ¿no crees?
- No es lo mismo, yo quiero una oportunidad para ser feliz
- Ya tuviste tu oportunidad.- me dijo sin perder la calma, mientras yo me alteraba más y más
- Pero… yo sé que somos almas gemelas, y la única forma que tenía para conocerlo era al morir.
- Pero las cosas son por algo, lástima que lo conociste al morir… pero no puedes volver a la Tierra por un capricho así.
- ¡No es un capricho! Además, acabas de decir que las cosas pasan por algo. Yo creo que era mi destino que todo esto pasara
- ¿Qué te hace pensar que eres especial?
Me quedé en silencio, no tenía nada que responder a eso.

- Nunca había visto una conexión tan fuerte en todos estos años- dijo Uriel desde atrás- Es incluso visible cuando están juntos. Además, se comunican por sueños
- Ya me di cuenta de eso- respondió el Guardián.
- ¿Entonces? ¿Qué más pruebas necesitas? Lo que ellos tienen los hace especial, y cualquiera te diría que merecen una oportunidad de estar juntos.
- Puede ser, pero aún así… no depende de mí que vuelvas o no, y las condiciones que se te impondrán.
- ¿Condiciones?- inquirí
- Obviamente, no querrás ser humana nuevamente, desafiarnos y decirnos que tal vez cometimos un error…
-Nunca dije eso.- le interrumpí, pero siguió hablando como si mi intervención nunca hubiese existido.
-… y no tengas que renunciar a algo o tener condiciones. Nada aquí es incondicional, recuérdalo.- asentí.- Uriel… ¿tú abogarás esto?
-Sí.- respondió con firmeza
-Muy bien… yo no declararé ni a favor ni en contra. Los hechos deberían hablar por sí mismos.
-¿Dónde iremos?. Pregunté-
-¿Tú? A ningún lado. Esta conversación, y todo lo que vi en tu mente será enviado al último… ‘piso’ por llamarle de alguna manera, junto con Uriel… y ahí él te dará detalles.
Asentí, aunque no comprendía mucho.
Uriel se acercó a mí y me abrazó; una muestra de apoyo que jamás había recibido de parte de él.

-Ahora es cuando tienes que ser fuerte, porque tú fuerza será mi fuerza.- me dijo.
-¿Qué tengo que hacer?
-Esperar hasta que sepas de mí.
-¿Puedo bajar?
-Absolutamente no.- me dijo.- Nada de aparecerse en sueños tampoco, es en serio.
-Está bien- le dije y me sentí agotada, como si cada centímetro de mi cuerpo pesara toneladas y estuviera a punto de derrumbarse.
-Esto sólo ha sido el comienzo, una de muchas puertas que tendrás que ir abriendo. Las próximas serán mucho más agotadoras. Aún puedes arrepentirte… me dijo, esperando algún tipo de respuesta pero no podía concentrarme bien.- Cuando yo me vaya de aquí no habrá vuelta atrás. ¿Estás segura que quieres seguir?
-Sí.- dije juntando algo de fuerza para materializar la palabra en mi mente
El arcángel no dijo nada. Estiró sus alas y fue avanzando lentamente.

-Espera hasta que yo aparezca de nuevo, y ten fuerza. Si te sientes agotada, ya sabes qué sucede.
-¿Dónde me quedo por mientras?
-Con los demás ángeles en el purgatorio- me dijo y lo vi desaparecer mientras aún me llegaba en la cara la brisa que dejaba el movimiento de sus alas. 

domingo, abril 03, 2011

Rest: Capítulo 25


- Ustedes dos son demasiado tercos, ya entiendo porqué están destinados a estar juntos.- me dijo Uriel cuando ya estaba de vuelta en la casa.
- Traté de convencerlo, de verdad… pero si no quiere; no puedo obligarlo. Al menos no le estoy mintiendo
- Lo sé, aunque… estoy seguro que cuando esto termine y los demás se enteren de lo que he hecho me van a castigar; y feo.- hizo una mueca
- Lo siento, pero piensa que le haces un bien a la humanidad.- negó.- Ok, a dos personas que serían completamente infelices si no fuera por tu ayuda
- Eso suena algo mejor…
- En todo caso, no pasa nada aún.
- Tres semanas se pasan más que rápido.

Suspiré; tenía toda la razón.
Tres semanas pasaron volando, consumiendo cada minuto, cada segundo de tranquilidad que nos quedaba a Uriel, Billie y a mí.

En el colegio las cosas eran normales, tareas, trabajos grupales, pruebas; Billie y Mike se escapaban al menos dos veces por semana (en las clases que por más esfuerzos que hicieran iban a reprobar de todas formas) y nadie sospechaba nada extraño en nosotros.
Éramos una pareja contenta que recién empezaba con su romance, incluso para Mike nuestros problemas pasaban desapercibidos, pero no la última semana de enero.

El bloqueo se deshizo y con Billie decidimos terminar. Sin rodeos, sin despedidas dramáticas y sin llantos. No era que dejaríamos de vernos, sólo evitaríamos cualquier tipo de contacto físico.
El primero en notar el cambio que habíamos experimentado fue Mike.

- ¿Qué les pasó?- nos preguntó cuando salimos de clases.-
- ¿De qué hablas?- pregunté, haciéndome la que no sabía de qué hablaba
- No han estado pegados en todo el día, con suerte se hablan y ni siquiera se miran a los ojos.- argumentó
- Terminamos - fue el turno de Billie, sonando bastante enojado
- ¿Qué? ¿Por qué?
- Me tengo que ir a NY la próxima semana, y es mejor así…- le expliqué
- No me habías contado
- No quería hacer un drama de eso.
- ¿Te vas… para siempre?
- No, no lo sé… planeo volver pero no estoy segura de cuando.- silencio.
- ¿No pensabas contarme?- Mike sonó más que dolido
- Sí, obvio que sí. Pero… no todavía; no sé ¿Para qué hacer show antes de tiempo?
- Nos darías tiempo para organizarte una despedida.- me respondió
- Bueno… pero ya sabes ahora.
- ¿Cuándo te vas?
- El seis.- dijo Billie en un susurro, interrumpiéndome.
- O sea, en una semana-
- Brillante conclusión Mike.- dije riéndome.
- Tenemos tiempo para organizar algo
- No es necesario, en serio.- le dije, porque realmente no lo era.
- ¿Podrían dejar de hablar como si fuera algo bueno? Porque no lo es. Y sabes…
- Lo sé, lo siento.- interrumpí a Billie antes que dijera algo más de lo que debía.

Mike se quedó en silencio, notando lo mucho que le afectaba a Billie la situación.
Lo que quedaba del trayecto lo hicimos en silencio, hasta que me despedí de ellos y entré.

Aunque no hubiese querido, los pensamientos de Billie se colaron inmediatamente en los míos, y me enteré de que Mike le preguntaba por qué le afectaba tanto, si llevábamos tan poco saliendo.
Pensé que iba a decirle algo, pero un simple “no lo sé” de su parte bastó para que Mike dejara de hacer preguntas, al menos por ahora.

Cuando ya se hizo de noche, y no supe qué hacer me fui a acostar y decidí conectarme con los sueños de Billie.
Hablamos un poco (nada importante) y le conté que no iría a la escuela en lo que quedaba de la semana. No me reprochó nada, sólo asintió y me dijo que me echaría de menos.
No quise responderle que yo también, más de lo que imaginaba pero no lo hice porque pensé que era lo mejor. Separarnos gradualmente hasta que se hiciera definitivo.

Como le había dicho a Billie, no me aparecí por la escuela en la semana y hablé con el director explicándole que debía volver a NY. Me cargaba dar explicaciones, pero era necesario… además así le ahorraba a Billie y Mike que los llamaran para preguntarles por mí.
En las tardes Mike iba a visitarme, pero Billie no se apareció ningún día, y yo dejé de aparecer en sus sueños, respetando su decisión de no verme más.

- Realmente no entiendo porqué le afecta tanto.- me dijo Mike el jueves.- O sea, no te vas al fin del mundo…
- Lo sé; pero… el asunto es que no sé si alguna vez podré volver, o si podremos mantenernos en contacto
Mike torció una mueca, y esperó algunos segundos para seguir hablando.

- Yo sé que me dijiste que no querías despedidas, pero creo que… podríamos hacer algo mañana de todas formas
-¿Algo como qué?- inquirí levantando una ceja.
-Cerveza, música; tú, yo y Billie si es que quiere…-
-Me parece bien
-¡Genial! ahora me voy a casa antes de que mi mamá me extrañe demasiado.
-Mañana entonces… ¿en casa de Billie?- él asintió- Nos vemos.

Nos despedimos de un beso en la mejilla y luego se fue.
Esa noche decidí aparecer en el sueño de Billie por última vez.

-Pensé que te habías olvidado de mi existencia.- me dijo Billie cuando se percató de que estaba junto a él.
-Tú no me has ido a ver, podría decir lo mismo.- agachó la cabeza
-No quiero que vayas a hacer… esa audiencia- no me quería mirar a los ojos.- Podría salir todo mal…
-Las cosas van a salir bien, en serio.- me acerqué a él y le acaricié la mejilla.
-¿Cómo puedes estar tan segura?
-No puedo estarlo, sólo espero que sea así… tengo fe en que las cosas resultarán.-
-¿Qué es lo peor que te podría pasar?
-Me condenarían a ir al infierno… supongo.- lo dije tan tranquilamente que hasta yo me sorprendí.- Pero si mi destino es estar ahí, estaré de todas formas; sea por esto, o por cualquier otra cosa. No te sientas culpable.
-No me puedes pedir eso
-No sabrías que me pasó en todo caso. No sabrás nada de mí hasta que todo termine.
-¿Cuánto se pueden demorar?
-Días, semanas… meses; años. No tengo idea.- noté que Billie se entristecía.- Pero eso no importa, no vine a eso.
-Lo supuse
-Mañana Mike me hará algo así como una despedida… ¿estarás?
- ¿Quieres que esté ahí?
- Por supuesto que sí.
- Entonces sí estaré.- trató de sonreírme, sin tener mucho éxito.  
-Entonces nos vemos ahí.- le dije y empecé a desvanecerme.
-¡Sue! ¡Espera…!- oí que Billie me llamaba pero no iba a devolverme. No estaba bien que usáramos los sueños para comunicarnos y dejarnos dominar por nuestras emociones.

Cuando desperté en la mañana, Uriel ya se había ido. Me había comentado que hablaría con los de la junta para explicarles que yo iba a presentar hechos importantes, y que era necesario hacerlo arriba.
Ordené un poco las cosas, me vestí y esperé que la hora avanzara.
Me sentía ansiosa, y no sabía qué hacer para controlarme. El tiempo se me iba demasiado rápido. No me di cuenta cuando ya eran las seis de la tarde, y Mike estaba tocando la puerta junto a Billie para irnos a su casa.
Los saludé, y sin mencionar la palabra “despedida” en todo el trayecto llegamos a su casa.
Ollie me recibió con un fuerte abrazo.
-Te extrañaremos, de verdad.- me dijo conteniendo las lágrimas.

No supe qué decirle, por lo que no dije nada y luego de ser abrazada por ella algunos minutos miré a Mike con enojo.
-¿Le contaste a todo el mundo?- inquirí cuando había logrado zafarme de la madre de Billie
-Ella merecía saberlo.-

Era verdad. Me había encariñado algo con ella, era imposible no hacerlo de todas formas.
Cuando llegamos al garaje, vi que tenían todo el alcohol listo para beber, las guitarras conectadas y varios discos para escuchar.
La primera cerveza fue en mi nombre, y no paramos de beber en todo el rato desde ese momento.
Mike fue el primero en embriagarse hasta empezar a decir idioteces y ponerse sentimental. Creo que terminó llorando cuando me entregó una carta de despedida. Luego de eso quiso beber más, pero se quedó dormido en el sofá.
Billie y yo en cambio estábamos bastante sobrios (yo más que él, claro) Y nos quedamos conversando un rato más.

-Yo también te tengo algo- me dijo, y luego de desaparecer por algunos minutos volvió con un trozo de papel doblado en su mano.- Léelo cuando llegues a tu casa, o lo que sea.
-Está bien.- le dije y llevé mis manos hasta mi nuca. Desabroché el collar que tenía en el cuello y se lo pasé.- Soy pésima escribiendo, así que… esto es para que te acuerdes de mí cuando no esté
No me dijo nada, sólo asintió y lo recibió.
-Creo que me voy ahora.- le dije. No quedaba nada más que hablar, nada que discutir, nada que hacer- Te extrañaré, más de lo que imaginas
-Yo más…- se acercó lentamente, temiendo que lo rechazara hasta que estuvimos cerca y me besó.

Fue el beso más doloroso que habíamos compartido. Pero no por ese ardor al tocar su piel, sino porque sabía que sería el último que le daría en mucho tiempo.

 Quise guardar en mi memoria lo que sentía, y sin querer dejé que unas lágrimas resbalaran por mi mejilla.
-No me olvides para cuando vuelva.- le pedí sin separarnos por completo.
-Te voy a estar esperando…

Asentí y me fui antes de que fuera demasiado tarde.
Esa era nuestra despedida, en ese beso quise demostrarle todo lo que me pasaba, pero no fue suficiente. Nunca sería suficiente.

Volví a la casa llorando desconsoladamente, pero el llanto cesó de inmediato cuando noté que todo en la casa había cambiado. No había muebles y una niebla espesa recorría todo el lugar.
Divisé a Uriel y me sonrió, para darme fuerza.

-Te estábamos esperando- me dijo y me tendió su mano, la que volvía a tener el color y textura de cuando lo conocí.
-Espero que el asunto que tengamos que conversar no sea lo que espero.- Me dijo alguien que no reconocí.
-Esperemos llegar y hablamos- le dijo Uriel con tono solemne, y luego se dirigió a mí- Nunca practicamos esto, pero debes sostener mi mano y no soltarla porque vamos a ascender.
-¿Cómo?
-Levitando.- me asusté-Pero no es nada del otro mundo.- dijo irónico. Me enfadé ¿Cómo podía bromear en ese momento?- ¿Lista?
-No lo sé
Me tomó con fuerza y sentí que él se elevaba y me tiraba desde alto.
Me impulsé tratando de saltar, pero mis pies estaban como pegados al suelo.

-Cierra los ojos y déjate caer.- sentí que Uriel me susurraba.

Le hice caso y de inmediato sentí que mis pies dejaban de tocar el suelo, y todo mi cuerpo emprendía el viaje hacia arriba.
Pasaron pocos segundos cuando sentí que algo me atravesaba todo el cuerpo, desde la cintura hacia arriba y ahí supe que el cuerpo humano que tenía había quedado atrás.
Ahora mi piel era grisácea (igual que la de Uriel); mi cabello brillaba como si tuviera diamantes y las alas que habían sido tatuadas ahora eran reales en mi espalda.
Había dejado el mundo de los humanos, había llegado mi hora. Suspiré y traté de calmarme. Todo había sido tan rápido que no había tenido tiempo para asimilar nada.

- Aquí estamos… suerte.- me dijo Uriel, y juntos entramos donde El Guardián nos esperaba, listo para empezar su interrogatorio; y yo tuve que estar lista para responder todas sus preguntas y presentarle mi caso. 

sábado, marzo 26, 2011

Rest: Capítulo 24



En circunstancias normales habría faltado a clases aquel día.
El día anterior me había quedado toda la noche en el patio de la casa, con la guitarra a un lado, un cuaderno; muchos porros y cerveza.
Hice hasta lo imposible para quedarme despierto y lo conseguí.
Hacía un frío de mierda que por poco no me congeló… pero quería pensar con tranquilidad.

Cuando amaneció decidí subir a mi cuarto (con cuidado de no despertar a nadie en la casa) y estando ahí revisé el cuaderno.
Era algo así como un resumen de todo lo que Sussan me había contado y algunas preguntas que si tenía oportunidad le haría en clases. 

Me bañé y luego de vestirme bajé a tomar café.
Estaba fuertísimo, y aún así sentía mis párpados más pesados que nunca.

-¿Qué mierda te pasó?- me preguntó Mike en la escuela
- Me quedé despierto toda la noche, y creo que aún sigo un poco drogado.- contesté sin abrir mucho los ojos; la luz del día me molestaba demasiado.
- ¿Por qué?
- Quería pensar un poco… nada malo.- mentí.
- ¿Y por qué faltaste ayer?
- Me quedé con Sussan en su casa…- no quise explicar más. Mike me miró con cara burlesca, pero la cambió de inmediato al ver que mi seriedad se mantenía.
- ¿Terminaron?
- No…
- ¿No quieres hablar?
- Mi cabeza está a punto de explotar, prefiero quedarme callado y observar cómo mis sesos adornan la pared.

Los dos reímos y avanzamos hasta la sala. Nadie se fijó en nosotros (obviamente) y fuimos a nuestros puestos.
Recordé que había examen de física al ver que todos estaban estudiando.

- Hola.- me saludó alguien desde atrás. No fue necesario voltearme para saber quien era.
- Hola.- musité y me corrí para que Sussan se sentara a mi lado.
- Te dije que no pensaras en… nada y que descansaras. ¡Mira tu cara! ¿Cuánto dormiste?
- Nada.- respondí sencillamente.- Pero no quiero hablar de eso. Tomé una decisión…
- ¿En serio?- asentí-. ¿Se puede saber qué decidiste?
- No me interesa lo que tengas que hacer, no me interesa nada de eso… haré como si lo de ayer jamás hubiese pasado.- me miró confundida.- Sería fácil que no me recordaras que sabes lo que pienso en todo caso…
- ¿Estás seguro?
- Sí.
- En ese caso… creo que podemos hablar con Uriel para poder bloquear todo…
- ¿Borrar mi memoria?- musité muy bajo. No quería que Mike escuchara lo que estábamos hablando
- No, no dije borrar, sino que bloquear- no comprendí.- Después te explico.

Asentí y dejamos de hablar. Sonó el timbre y quise hacer mi día normal; aunque no pude concentrarme en nada y me fue pésimo en el examen.
El día pasó rápido; y a pesar de que me había acordado durante el día de lo de Sussan, ella misma se encargaba de desviar mis pensamientos.
- ¿Sabes?- inquirí cuando íbamos camino a su casa
- ¿Uhm?
- Ahora entiendo porqué nos entendíamos tan bien desde un principio.- arqueó una ceja.- Obvio, me entendías siempre porque sabías en lo que estaba pensando. Tramposa.
- Supongo que… fue necesario.- rió.
- Puede ser, aunque completamente injusto. Yo no puedo saber en qué estás pensando ahora.
- Podrías saberlo.- me dijo despacio, en un susurro. Me estremeció sentir su aliento junto a mi cuello.
- ¿Cómo?
- Todos podríamos comunicarnos mentalmente, sólo nos falta entrenamiento.
- ¿Me entrenarías?
- Yo creo que sí, pero no ahora… Y no te emociones, mi mente no es tan complicada como la tuya
- ¿Complicada? Pero si mente en lo más cavernícola que existe
- ¿es broma? Me vuelves loca con todas las cosas que eres capaz de retener en un segundo. Es como si… muchas partes de tu cerebro se activaran individualmente, y cada una funciona como un cerebro aparte… Por eso me mareo, eres un caos.
-Lo siento, supongo… No puedo controlarlo. Pensé que todas las personas eran iguales… pero como no puedo estar en la mente de nadie no tengo cómo saber.

No me respondió. Sólo rió por la forma en que había hablado y entramos en su casa.
Uriel estaba esperándonos, y luego de que Sussan hablara con él me hizo sentar en el sillón y se quedó mirándome fijo por varios minutos.
No entendí lo que hacía hasta que intenté pensar en lo de Sussan y no pude.

- Esto es confuso… sé que sé lo de Sussan, pero no puedo pensar en eso…- dije luego de un rato
- Esa es la idea precisamente- respondió Uriel- No estaba de acuerdo, pero Sussan dijo que estarías bien… y cuando quede poco para la audiencia el bloqueo quedará nulo…
- Debes entender que… cuando me vaya no puedes decir ni pensar en nada de lo que te conté; si lo haces… sería perjudicial para mí.
- Lo sé.- le respondí a Sussan.- Pero prefiero que hagamos cualquier cosa en vez de hablar de eso
- Como quieras, vamos a dar una vuelta.

Asentí, y de la mano salimos de la casa hacia el parque donde solíamos ir. Llegamos a un banquito, y Sussan me soltó la mano rápidamente. 
-Lo siento.- se disculpó.- Pero no sabes cómo arde cuando nos tocamos…
-¿Qué?- no entendí a lo que se refería.
-Debido a nuestra extraña conexión, cada vez que nuestra piel se toca directamente siento un ardor…bastante fuerte a veces.- La miré asustado….- Pero es soportable, no te preocupes.
-¿Qué no me preocupe? ¡Pero si te duele! No te voy a tocar más…
-¿Estás seguro?- me preguntó, acercándose tanto que nuestros labios se rozaban. No pude evitarlo y me acerqué, para luego recordé que era como hacerle daño y separarme rápidamente.
-Esto es masoquismo, o sadomasoquismo… como sea.
-No me importa, el dolor ya no me molesta, me acostumbré.- respondió  como si fuera tan simple
-Aún así… - Agaché la mirada
-Prometo detenerte cuando me duela demasiado.- negué.- Eres demasiado terco.

Esa vez asentí. No me importaba lo que dijera, no iba a ceder en eso. No iba a besarla (aunque me costara) si le significaba dolor a ella. 

Pero Sussan era mil veces más terca que yo (si es que eso era posible) y no se dio por vencida.
Se acercó a mí, aunque me mantenía distante y me peñiscó la mano, no muy fuerte; pero aún así podía sentir sus uñas clavándome la piel. 

Estaba acercándose demasiado, se ubicó entre mis piernas y con la mano que tenía libre empezó a dibujar círculos sobre mi abdomen, demasiado cerca de mi cintura…
Eso, sumado a los pequeños besos que me estaba dedicando en el cuello me hicieron olvidar lo de su dolor y el mío que ella estaba provocando; y busqué sus labios con ansias.
Antes de alcanzarlos ella misma me detuvo, apartándose.
-¿Pudiste sentir mis uñas?- preguntó, mientras yo la cuestionaba con la mirada. No quería que se detuviera justo en ese momento.
-Sí
-¿Te dolió?
-Un poco al comienzo pero…
-Pero después te olvidaste.- sonrió, no necesité responderle.-Es lo mismo que me pasa a mí ¿ves?
-¿Estás segura?
-Por algo te lo estoy diciendo. Si alguna vez me duele demasiado, te detendré. 

Se acercó y me besó. Esa era mi parte favorita del día. Y no sé cuánto rato estuvimos así, y me olvidé del frío y de todo hasta que nos separamos y recordé que yo no era inmortal, y sí tenía sangre que mantener a una temperatura razonable.
-¿Sussan?- inquirí. Ella me miró, haciéndome entender que estaba prestando atención- Creo que si no nos vamos moriré de hipotermia
-Cierto, lo siento.- se disculpó y ambos nos incorporamos.- Por favor, esta noche duerme ¿Ok?
-Bueno
-Y no leas ese cuaderno que escribiste, sino el bloqueo será en vano
-Bueno ¿Algo más?- me sonrió, con la cabeza inclinada levemente hacia abajo.
-No, creo que eso es todo.- suspiré.- Nos vemos mañana, y trata de estudiar
-¿Cómo tienes mente para pensar en estudios?- dije alarmado
-Alguno de los dos debe hacerlo ¿o no?
-Cierto.- le dije y le di un beso corto y nos despedimos.
Menos mal que no había nadie en la casa. Nada de preguntas, nada de quedarse a cenar con la familia. Fui libre para hacer lo que quisiera, por lo que subí a mi habitación, y sin siquiera preocuparme por quitarme la ropa o algo me acosté y me dormí de inmediato, tratando de recuperar el sueño que había perdido del día anterior.