sábado, marzo 26, 2011

Rest: Capítulo 24



En circunstancias normales habría faltado a clases aquel día.
El día anterior me había quedado toda la noche en el patio de la casa, con la guitarra a un lado, un cuaderno; muchos porros y cerveza.
Hice hasta lo imposible para quedarme despierto y lo conseguí.
Hacía un frío de mierda que por poco no me congeló… pero quería pensar con tranquilidad.

Cuando amaneció decidí subir a mi cuarto (con cuidado de no despertar a nadie en la casa) y estando ahí revisé el cuaderno.
Era algo así como un resumen de todo lo que Sussan me había contado y algunas preguntas que si tenía oportunidad le haría en clases. 

Me bañé y luego de vestirme bajé a tomar café.
Estaba fuertísimo, y aún así sentía mis párpados más pesados que nunca.

-¿Qué mierda te pasó?- me preguntó Mike en la escuela
- Me quedé despierto toda la noche, y creo que aún sigo un poco drogado.- contesté sin abrir mucho los ojos; la luz del día me molestaba demasiado.
- ¿Por qué?
- Quería pensar un poco… nada malo.- mentí.
- ¿Y por qué faltaste ayer?
- Me quedé con Sussan en su casa…- no quise explicar más. Mike me miró con cara burlesca, pero la cambió de inmediato al ver que mi seriedad se mantenía.
- ¿Terminaron?
- No…
- ¿No quieres hablar?
- Mi cabeza está a punto de explotar, prefiero quedarme callado y observar cómo mis sesos adornan la pared.

Los dos reímos y avanzamos hasta la sala. Nadie se fijó en nosotros (obviamente) y fuimos a nuestros puestos.
Recordé que había examen de física al ver que todos estaban estudiando.

- Hola.- me saludó alguien desde atrás. No fue necesario voltearme para saber quien era.
- Hola.- musité y me corrí para que Sussan se sentara a mi lado.
- Te dije que no pensaras en… nada y que descansaras. ¡Mira tu cara! ¿Cuánto dormiste?
- Nada.- respondí sencillamente.- Pero no quiero hablar de eso. Tomé una decisión…
- ¿En serio?- asentí-. ¿Se puede saber qué decidiste?
- No me interesa lo que tengas que hacer, no me interesa nada de eso… haré como si lo de ayer jamás hubiese pasado.- me miró confundida.- Sería fácil que no me recordaras que sabes lo que pienso en todo caso…
- ¿Estás seguro?
- Sí.
- En ese caso… creo que podemos hablar con Uriel para poder bloquear todo…
- ¿Borrar mi memoria?- musité muy bajo. No quería que Mike escuchara lo que estábamos hablando
- No, no dije borrar, sino que bloquear- no comprendí.- Después te explico.

Asentí y dejamos de hablar. Sonó el timbre y quise hacer mi día normal; aunque no pude concentrarme en nada y me fue pésimo en el examen.
El día pasó rápido; y a pesar de que me había acordado durante el día de lo de Sussan, ella misma se encargaba de desviar mis pensamientos.
- ¿Sabes?- inquirí cuando íbamos camino a su casa
- ¿Uhm?
- Ahora entiendo porqué nos entendíamos tan bien desde un principio.- arqueó una ceja.- Obvio, me entendías siempre porque sabías en lo que estaba pensando. Tramposa.
- Supongo que… fue necesario.- rió.
- Puede ser, aunque completamente injusto. Yo no puedo saber en qué estás pensando ahora.
- Podrías saberlo.- me dijo despacio, en un susurro. Me estremeció sentir su aliento junto a mi cuello.
- ¿Cómo?
- Todos podríamos comunicarnos mentalmente, sólo nos falta entrenamiento.
- ¿Me entrenarías?
- Yo creo que sí, pero no ahora… Y no te emociones, mi mente no es tan complicada como la tuya
- ¿Complicada? Pero si mente en lo más cavernícola que existe
- ¿es broma? Me vuelves loca con todas las cosas que eres capaz de retener en un segundo. Es como si… muchas partes de tu cerebro se activaran individualmente, y cada una funciona como un cerebro aparte… Por eso me mareo, eres un caos.
-Lo siento, supongo… No puedo controlarlo. Pensé que todas las personas eran iguales… pero como no puedo estar en la mente de nadie no tengo cómo saber.

No me respondió. Sólo rió por la forma en que había hablado y entramos en su casa.
Uriel estaba esperándonos, y luego de que Sussan hablara con él me hizo sentar en el sillón y se quedó mirándome fijo por varios minutos.
No entendí lo que hacía hasta que intenté pensar en lo de Sussan y no pude.

- Esto es confuso… sé que sé lo de Sussan, pero no puedo pensar en eso…- dije luego de un rato
- Esa es la idea precisamente- respondió Uriel- No estaba de acuerdo, pero Sussan dijo que estarías bien… y cuando quede poco para la audiencia el bloqueo quedará nulo…
- Debes entender que… cuando me vaya no puedes decir ni pensar en nada de lo que te conté; si lo haces… sería perjudicial para mí.
- Lo sé.- le respondí a Sussan.- Pero prefiero que hagamos cualquier cosa en vez de hablar de eso
- Como quieras, vamos a dar una vuelta.

Asentí, y de la mano salimos de la casa hacia el parque donde solíamos ir. Llegamos a un banquito, y Sussan me soltó la mano rápidamente. 
-Lo siento.- se disculpó.- Pero no sabes cómo arde cuando nos tocamos…
-¿Qué?- no entendí a lo que se refería.
-Debido a nuestra extraña conexión, cada vez que nuestra piel se toca directamente siento un ardor…bastante fuerte a veces.- La miré asustado….- Pero es soportable, no te preocupes.
-¿Qué no me preocupe? ¡Pero si te duele! No te voy a tocar más…
-¿Estás seguro?- me preguntó, acercándose tanto que nuestros labios se rozaban. No pude evitarlo y me acerqué, para luego recordé que era como hacerle daño y separarme rápidamente.
-Esto es masoquismo, o sadomasoquismo… como sea.
-No me importa, el dolor ya no me molesta, me acostumbré.- respondió  como si fuera tan simple
-Aún así… - Agaché la mirada
-Prometo detenerte cuando me duela demasiado.- negué.- Eres demasiado terco.

Esa vez asentí. No me importaba lo que dijera, no iba a ceder en eso. No iba a besarla (aunque me costara) si le significaba dolor a ella. 

Pero Sussan era mil veces más terca que yo (si es que eso era posible) y no se dio por vencida.
Se acercó a mí, aunque me mantenía distante y me peñiscó la mano, no muy fuerte; pero aún así podía sentir sus uñas clavándome la piel. 

Estaba acercándose demasiado, se ubicó entre mis piernas y con la mano que tenía libre empezó a dibujar círculos sobre mi abdomen, demasiado cerca de mi cintura…
Eso, sumado a los pequeños besos que me estaba dedicando en el cuello me hicieron olvidar lo de su dolor y el mío que ella estaba provocando; y busqué sus labios con ansias.
Antes de alcanzarlos ella misma me detuvo, apartándose.
-¿Pudiste sentir mis uñas?- preguntó, mientras yo la cuestionaba con la mirada. No quería que se detuviera justo en ese momento.
-Sí
-¿Te dolió?
-Un poco al comienzo pero…
-Pero después te olvidaste.- sonrió, no necesité responderle.-Es lo mismo que me pasa a mí ¿ves?
-¿Estás segura?
-Por algo te lo estoy diciendo. Si alguna vez me duele demasiado, te detendré. 

Se acercó y me besó. Esa era mi parte favorita del día. Y no sé cuánto rato estuvimos así, y me olvidé del frío y de todo hasta que nos separamos y recordé que yo no era inmortal, y sí tenía sangre que mantener a una temperatura razonable.
-¿Sussan?- inquirí. Ella me miró, haciéndome entender que estaba prestando atención- Creo que si no nos vamos moriré de hipotermia
-Cierto, lo siento.- se disculpó y ambos nos incorporamos.- Por favor, esta noche duerme ¿Ok?
-Bueno
-Y no leas ese cuaderno que escribiste, sino el bloqueo será en vano
-Bueno ¿Algo más?- me sonrió, con la cabeza inclinada levemente hacia abajo.
-No, creo que eso es todo.- suspiré.- Nos vemos mañana, y trata de estudiar
-¿Cómo tienes mente para pensar en estudios?- dije alarmado
-Alguno de los dos debe hacerlo ¿o no?
-Cierto.- le dije y le di un beso corto y nos despedimos.
Menos mal que no había nadie en la casa. Nada de preguntas, nada de quedarse a cenar con la familia. Fui libre para hacer lo que quisiera, por lo que subí a mi habitación, y sin siquiera preocuparme por quitarme la ropa o algo me acosté y me dormí de inmediato, tratando de recuperar el sueño que había perdido del día anterior. 

viernes, marzo 25, 2011

Rest: Capítulo 23




Si todo lo que estaba escuchando era parte de un sueño quería despertar; y enseguida.
En mi mente no calzaba la idea de esos seres, niveles y cosas extrañas de las que Sussan hablaba, pero estaba convenciéndome (o tal vez estaba simplemente perdiendo la poca cordura que me quedaba) debido a las pruebas de Sussan; y de Uriel también, quiense había unido a nuestra conversación cuando estuve a punto de colapsar.

Él y Sussan me explicaron que era normal que reaccionara así, pero esa “normalidad” de la que me hablaban se había vuelto demasiado subjetiva.

De cualquier forma, luego de que me calmé, subí a la habitación de Sue y nos quedamos conversando hasta que el sueño me venció.
Le pregunté todo lo que se me ocurrió en ese momento, pero la mayor parte del tiempo sólo recibía respuestas como “no puedo responderte”, “eso lo sabrás más adelante” y otras parecidas e igualmente frustrantes.
Pero la que más me intrigaba saber ni siquiera ella sabía la respuesta, ni Uriel…
¿Por qué nosotros? ¿Por qué, de entre los millones y millones de personas que habitan el mundo nosotros teníamos esa extraña conexión y nos habíamos conocido tan tarde?
Al menos Uriel me tranquilizó asegurándome que no éramos los primeros, y que no seríamos los últimos que les pasara, y que siempre habían soluciones y que todo podría salir bien.

Me explicaron entre los dos esta especie de… sociedad o secta celestial que los controlaba; y las repercusiones que podían tener sus acciones; semejante trama de película, o incluso mejor.

Pero como dije, la conversación duró hasta que me quedé dormido.

Obviamente no me sorprendió soñar con seres extraños, imaginar a Uriel con uñas largas, piel grisácea y el cabello largo y negro. 
Desperté completamente agitado, y con el pelo pegado a la frente por un sudor frío. Algo desorientado me levanté de la cama de Sussan y fui hasta el baño.
Miré con algo de incredulidad mis manos, comprobando que no tenían un color grisáceo como Uriel en el sueño. Me lavé la cara rápidamente y bajé al primer piso en búsqueda de alguien.

Sussan y Uriel se encontraban en la cocina, esperándome con el desayuno servido.
No me extrañó que dejaran de hablar justo en el momento preciso en que entré a la habitación para que yo no los oyera.

- Buenos días.- me saludó Sussan con una sonrisa. Me acerqué y le di un beso en la mejilla (con algo de recelo).- ¿Cómo dormiste?
- Bien, gracias.
- Veo que conociste mi forma natural- ahora Uriel me hablaba, y no entendí nada de lo que decía.- Sé que soñaste conmigo.- Me sonrojé, no sé porqué- y también sé qué soñaste.
- Es normal que nos involucremos en los sueños si salimos nosotros.- me explicó Sussan al ver mi cara, y supongo que al saber en qué pensaba también.
- Exacto; y preferí mostrarte cómo éramos de verdad, ya que tu subconsciente crearía seres completamente desproporcionados y nada que ver con la realidad.- Asentí. Iba a tomarme el café que estaba en frente mío, pero lo miré con algo de desconfianza…
- No tiene nada más que azúcar, agua hervida y obviamente, café.- Era Sussan.- Aunque si quieres puedes prepararte otro.
- Está bien, lo siento…- me sentí idiota… había convivido con Sussan casi seis meses y nunca había tratado de hacerme algo malo; las cosas no iban a cambiar ahora
- Si mi intención fuese hacerte daño lo habría hecho en cuanto te conocí
- ¿Puedo pedirte un favor?- inquirí, poniendo mi cerebro a trabajar a mil para poder expulsar una oración coherente.
- Claro
- ¿Podrías no hacer eso?
- ¿Qué cosa?- me preguntó mi… amiga-novia-ángel-lo que fuese con algo de risa.
- Contestar mis pensamientos. No quiero recordar a cada instante que puedes saber exactamente lo que pasa por mi mente
- Claro, lo siento… de verdad.- se disculpó. No hice nada, ni respondí… me concentré únicamente en la taza que estaba en frente, y me puse a analizar los colores de la cerámica, a contar las burbujas que había en el café; a desviar mi mente de las cosas realmente importantes.

Noté que Sussan se reía constantemente, supongo que le daba gracia el gran esfuerzo que yo estaba haciendo para ahorrarnos problemas.
De cualquier forma, terminé el desayuno a pesar de no tener hambre en absoluto.

- Creo que debes volver a tu casa ahora, Ollie debe estar preocupada; se supone que no te quedarías aquí hoy
- Debe suponer que estoy aquí.- le dije con una mueca.- aunque es verdad, debería volver a casa
- Te acompaño; aún tenemos cosas que hablar.- Asentí.- Iré a buscar algo para abrigarme, aunque no sea necesario; sería raro ver a alguien por la calle sin ropa de invierno cuando está bastante helado.
- ¿No tienes frío? –negó-¿Nunca?-
- No, no tengo sangre, ni pulso, ni nada que mantener a temperatura constante… ya sabes… esto de estar muerta…
- No lo digas así, no es nada chistoso.- musité. Que hablara de esa forma hacía todo más perturbador.
- Lo siento…
- Como sea, anda a buscar algo rápido.

Subió las escaleras, y al rato regresó con un abrigo, un gorro y dos bufandas.
- No seas exagerada.- le dije por las bufandas
-Una es para ti- me pasó una de color negro; la que acepté con gusto y nos fuimos. 

Avanzamos un rato, sin mirarnos, tocarnos ni hablarnos hasta que ella decidió hablar primero.

-Entiendo que las cosas no sean como antes… y lamento haberte dicho todo tan rápido.
-¿Es cierto eso de la conexión?- asintió, y mi corazón latió tan rápido que temí que me diera un infarto o algo así.- ¿Qué es lo que significa eso realmente?
- Que nuestras vidas están destinadas a transformarse mutuamente- no, no me bastaba esa respuesta.- Estábamos destinados a conocernos, y a ser “especiales” para el otro.
- ¿Especiales como amigos o como algo más?
- No lo sé....- utilizó un tono de voz bajo, casi inaudible. Yo simplemente asentí, y le tomé la mano con cuidado.
-¿Cómo puedes sonrojarte si no tienes sangre?- inquirí, al notar cierto rubor en sus mejillas.
-Sólo tú puedes notar que estoy avergonzada y que me sonrojo.- Me quedé en silencio. Creo que si el frío no hubiese sido tan intenso también me habría sonrojado.

- ¿Cómo supiste que teníamos esto?- habíamos avanzado un poco, pero aún tenía demasiadas dudas qué resolver.- ¿Uriel?
-No… creo que lo supe de inmediato cuando te vi.- suspiró.- Creo que todos muy dentro sabemos cuando conocemos a alguien especial; en el momento justo en que las miradas chocan y el corazón te da un vuelco extraño que no sabes explicar….simplemente que algunos se tardan más en reconocerlo.

-¿Según tú nosotros estamos destinados a estar juntos…siempre.?
-No lo sé. No quiero responder eso, puedo estar equivocada y si te digo que sí, que estamos destinados a estar juntos lo creerás y tal vez no sea así; tal vez debas conocer a alguien más… ¿me entiendes?- asentí y la miré a los ojos por primera vez desde que sabía lo que era de verdad.- Tal vez todo lo que estoy dispuesta a renunciar sea en vano… pero eso depende de mí. Tú puedes tomar tus propias decisiones.

Me quedé en silencio. No necesitaba hablar para que ella supiera lo que me pasaba.
No, no estaba seguro de lo que sentía por Sussan, ni siquiera estaba seguro de creer completamente en todas las cosas de las que me estaba enterando o si la sentía tan especial para mí como ella creía que era yo por lo de la conexión. Pero, a pesar de todas las cosas que había oído, de las cosas que me había enterado ese día… en se momento, al mirar sus ojos sólo tenía en mente sus labios, tenerla cerca, abrazarla… sentir ese cosquilleo en mi estómago, el escalofrío que recorría todo mi cuerpo, esa felicidad que me embriagaba al rozar sus labios y acariciar su piel.
No importaba si era un ángel, un extraterrestre o un demonio; a la hora de estar con ella nada más importaba.
Con algo de desconfianza me acerqué y nos detuvimos (porque íbamos caminando mientras hablábamos en todo momento).

-No me importa no ir al cielo ¿sabes? Y no me importaría ir al infierno por quebrar esa estúpida regla de no estar juntos.
-No, no pienses eso… de verdad.- me dijo, pero no podía separarse de mí, ni yo de ella.

No fueron necesarias más palabras. Nuestros labios ya estaban hablando por nosotros. El movimiento perfecto; el momento exacto en que mi mente se detenía y sólo importaba ella; Sussan. La mujer, el ángel, el demonio… nada de eso importaba. Ella y sus labios con los míos eran mi única preocupación; y si tenía que sacrificar algo con tal de estar la mayor cantidad de tiempo posible así con ella valía la pena; aunque ella tratara de convencerme de lo contrario a como de lugar.
Nos besamos por algunos minutos hasta que ella decidió separarse.

-Ya te expliqué que no es tan simple como parece.- Me dijo con bastante pesar en su voz.
-Lo sé; pero… no es necesario que estemos separados todo este tiempo…
-Creo que sí lo es.
-¿Cuándo tienen esa reunión?- pregunté.
-El seis de febrero… creo que es día sábado….- saqué la cuenta.
-Podemos vernos hasta unos días antes… y luego, no lo sé… ahí vemos.
-Tengo que discutirlo con Uriel- me dijo.
-Está bien…-
-Creo que mejor te dejo hasta aquí, y hablaremos en clases… o trataré de visitarte en la noche.

No dije nada, sólo me acerqué y le di un corto beso en los labios.
Me pidió que no pensara tanto en lo que había sucedido y acepté, aunque ambos sabíamos que no era posible.
En cuanto ella se alejó lo suficiente la realidad cayó sobre mis hombros.
Había sido el día más anormal de mi vida, y realmente necesitaría muchos porros, horas en mi habitación y un cuaderno para anotar todo lo que pensaba y así tratar de  desatar los enredos que tenía en la cabeza. 

lunes, marzo 21, 2011

Rest: Capítulo 22


Sí, estoy usando las fotos antiguas, pero ssshhh! xD


Luego de año nuevo, mi relación con Billie se había vuelto oficial; y a nadie en su casa le extrañaba que desapareciera todo el día, o que se quedara a dormir en mi casa o de verme en la suya todo el tiempo.
Tratamos de aprovechar al máximo aquel fin de semana después de año nuevo, porque ya el lunes debíamos volver a clases.
Y yo seguía sin saber de Uriel, cosa que me preocupaba y me alegraba a la vez.

Luego de estar todo el domingo tirados en el garaje de Billie nos acordamos de las clases al día siguiente.
- ¿Vas a ir a clases mañana?- me preguntó Billie
- Sí ¿Por qué no?
- Porque el primer día después del receso de invierno no hacemos nada, es día perdido.- me explicó
- Extraño tener algo que hacer por las mañanas y levantarme temprano.- comenté, y él junto con Mike me miraron extrañados.
- Debe ser una broma- sentí la voz de Billie, pero en ningún momento pareció haber movido la boca.
- ¿Dijiste algo?- le pregunté un poco extrañada.
Billie negó sorprendido, y no quise insistir. Tal vez sólo había sido mi… imaginación o algo así.
- Dime que no estás pensando en faltar ya el primer día.- le pedí
- No estoy pensando en faltar el primer día- dijo obedeciéndome, como un niño pequeño
- Hablo en serio Billie.- sabía que estaba pensando en faltar para hacer cualquier estupidez.- Terminarás repitiendo el curso si faltas más, ya te lo advirtieron.
- Tiene razón- se metió Mike
- A ti también te lo dijeron- fue mi turno de mirar a Mike- No sé qué pretenden, de verdad…
- Pasarlo bien- respondió Mike con simpleza- No todos somos tan … perfectamente responsables como tú.
- Como sea, mañana tienen prohibido faltar, en serio.- le dije a ambos.- Tú en especial
- ¿Por qué yo?- inquirió Billie
- Porque tú eres el especialista en… llevar a la gente por mal camino.
- Y ahora suenas como mi mamá-

Me quedé paralizada y sin saber qué decir. Billie no había movido la boca en absoluto, pero aún así pude escuchar claramente lo que… ¿pensaba?

- ¿Qué te pasó? ¿Dónde está el fantasma?- preguntó Billie, riéndose.
- Me acordé de algo…- alzó una ceja.- Creo que hoy llega U…. perdón, mi papá.
- ¿Hoy?
- Parece, no me acuerdo bien si llegaba esta semana o la próxima.

Mike y Billie asintieron. Para ellos no significaba nada que Uriel llegara; incluso se extrañaron de que no estuviera alegre. Había pasado casi un mes desde que no estaba en la casa (sin contar la visita Express en navidad),  pero aún así no era suficiente como para extrañarlo o algo así.

No volvimos a hablar más de ese tema, o de la escuela ni nada. Nos quedamos en completo silencio hasta que ya se hizo lo suficientemente tarde como para volver a mi casa.
No dejé que Billie me fuera a dejar, no quería sentir sus pensamientos… No quería intrometerme en su mundo y no quería confusiones.
Nos despedimos ahí mismo y le hice jurar que iría a clases.

En cuando llegué esperé ver a Uriel en la casa pero no estaba, y tampoco llegó a la mañana siguiente.
Pensé que era extraño pero no le di la importancia que tal vez requería y me fui al colegio.

En el camino me encontré con Billie y nos fuimos de la mano hasta que entramos. Me sentía un poco nerviosa cuando llegamos y todos nos miraban, sonriendo o susurrando cosas al de al lado.
El camino desde el portón de entrada hasta la sala nunca se me había hecho tan largo; y me sentí completamente sofocada por la vergüenza cuando Billie me besó en frente de todos nuestros compañeros cuando entramos en la sala.
Mi cara estaba completamente sonrojada, y a Billie no parecía importarle.
Al contrario de los demás en el patio, nadie parecía sorprendido de vernos juntos.
Incluso me llegaron varias notitas de las personas con las que hablaba que decían “ya era hora”, “sabía que se verían lindos juntos”; o cosas así.
Pero aparte de eso, el día transcurrió normalmente.

Nos dieron un montón de tarea en casi todas las asignaturas y nos fijaron pruebas para la semana siguiente en Matemáticas e Historia.
A Billie casi le da un colapso nervioso al tener que hacer tantas cosas (porque sabía que lo iba a obligar a hacer al menos una tarea por día).

-No pienso hacer nada de Física, lo siento pero me rehúso.- me dijo cuando estábamos entrando a mi casa.
-Entonces te aplicas en matemáticas, química y biología.- me miró con sumo odio. Le di un beso y pareció no odiarme tanto- Es por tu bien, en serio.
-Como sea… creo que…te están esperando.- comentó cuando entramos a la sala.
Me di vuelta y me encontré con Uriel, mirándome con atención. Billie se separó un poco de mí y me dejó avanzar sola.
-Hola.- me dijo bastante alegre.
-¿Qué… qué haces aquí?-
-Te dije que volvía hoy- me respondió con una sonrisa demasiado exagerada.
-Cierto….
-Simula algo de alegría- sentí ese susurro nuevamente.

Me acerqué y lo abracé fuerte, en ese momento sentí un frío recorrer toda mi espalda, y me sentí mareada porque los pensamientos de Billie se agolparon con fuerza en mi mente. Tuve que hacer un esfuerzo para no caer cuando me separé.

-Hola Billie.- le dijo Uriel, extendiéndole la mano.- ¿Cómo estás?
-Bien, gracias. ¿Y usted?- se veía nervioso, lo que me causó gracia, igual que a Uriel
-Bien, aunque algo cansado- se quedó pensando un momento- ¿Te molestaría si me la robo por un segundo?- me señaló- No tardaré mucho, si quieres la esperas aquí.
-Claro.

Uriel asintió y caminamos juntos hasta la cocina.
-Veo que decidiste estar con él.- Ni siquiera me esforcé en preguntarle cómo sabía. Mi mente era un libro abierto para él.
-¿Te molesta?
-En absoluto, te he notado más alegre
-¿Me has notado? ¿Cómo?
-He venido un par de veces, sin que te des cuenta.- alcé una ceja.- No te iba a dejar completamente sola, no podría…- Asentí.
-Sé que tienes que decirme algo desagradable.- le advertí.
-No es tan desagradable la verdad, pero implica tomar decisiones.
-Espera… ¿Dónde estuviste todo este tiempo?- necesitaba saber eso por lo menos. 
- Abajo- Comprendí de inmediato, mi rostro se tensó rápidamente.
- ¿En serio?
- Sí, y no fue algo tan desagradable…- me sonrió, y yo aflojé la expresión de mi rostro- Fui a buscar respuestas por lo de la conexión…
-¿Y?
-Quedé un poco confundido al principio, pero resulta que… tu destino era estar con Billie; eso lo sabes. El asunto es que… no sé si por error o no sé las cosas no se dieron cómo debían. O al menos eso es lo que nos dicen, pero ellos, los de abajo me explicaron que… tal vez de esta manera es como debían pasar las cosas.
-No entiendo.
-De vez en cuando, y no sé porqué; hay casos que escapan de… las manos de quien se supone coordina todo. Casos en que el destino le dobla la mano incluso a ese Dios omnipotente. ¿Comprendes?
-Creo.
-El asunto es que…Esto ya pasó una vez, pero la solución no fue fácil.
-Explícate.
-En resumen, los de arriba deben admitir que no son tan perfectos, y tienen que ceder un permiso especial para volver.
-¿Volver?
-Sí, para volver a ser humano- mis ojos se iluminaron- o casi humano al menos, algo parecido.
-Pero…- siempre tiene que haber un pero.
-Puede demorarse mucho tiempo, y puede que no te lo den, y que te castiguen (y a mí también ya que estamos) y no puedas volver aquí nunca más, y Billie quede completamente destrozado.
Asentí. 

-¿Qué decisión debo hacer exactamente?- inquirí confundida, si me lo había dicho no había entendido nada.
- Si deseas arriesgar todo por esa audiencia especial para darte el persimo, o seguir como si nunca hubiese pasado nada, con el plan original y cumplir tu “misión” y ascender.
Procesé la información.
Respiré profundamente, y luego inquirí:
- ¿Cuándo debo decidirme?- tragué saliva con algo de esfuerzo- ¿Ahora?
-  No, tu primera evaluación será en Febrero, supongo que podría ser un buen momento para comunicarlo si decides enfrentarlos.
-O sea, tengo un mes…-
-Para decidirte, y para terminar lo que sea que tienes con Billie Joe--eso me cayó como un balde de agua fría
-¿Por qué?
-No puedes estar con él; y si saben que rompiste una regla será todo más difícil. 
- Pero puedo decirle cuando se cumpla el plazo… o en un par de días…

Iba a seguir hablando, pero me vino un mareo insoportable, muy intenso y los pensamientos de Billie se hacían insoportables

-Espera… Billie tiene que irse y…
-Mejor, deberías explicarle que ya no puedes seguir con él.- Mierda.

Billie entró en la cocina, para avisarme que mejor se iba (o al menos eso alcancé a entender de sus pensamientos) pero justo cuando estaba entrando, Uriel pronunció esa  última frase.
Lo odié con todas mis fuerzas. 

-Era necesario- me decía mi… “guardián” mentalmente repetidas veces.
Me di vuelta despacio y la cara de desconcierto y decepción de Billie era evidente. No quería encontrarme con sus ojos, y tener que darle respuestas. Pero… era necesario.
Respiré hondo y estuve dispuesta a enfrentar lo que fuese con al de poder estar con él como era debido. 

Tardé unos segundos en darme vuelta; y Billie no tenía intenciones de decirme algo…lo que realmente me ponía nerviosa.

- Creo que mejoraos dejo solos para que puedan conversar.- dijo Uriel, pero lo tomé del brazo antes de que avanzara
- Te guste o no le contaré todo- le advertí con la mirada fija.
- Sólo si confías en que no dirá nada- asentí y dejé que se fuera.

Billie me miraba inquisitivo. Mi nerviosismo estaba al máximo y más encima tenía que soportar sus pensamientos, me estaban volviendo loca. 

- ¿Podrías dejar tu mente en blanco aunque sea por un segundo? Me estás mareando.
- ¿De qué estás hablando?
- Olvídalo.- hice una mueca-
- ¿De qué estabas hablando con tu papá? ¿Escuché mal?
- No, escuchaste bien… perfecto.- Mi voz sonaba quebradiza.- Según él debemos terminar.
Silencio. Ese maldito silencio que se adueña de las situaciones incómodas.

- ¿Por qué?
- Tenemos que volver de donde vinimos, al menos por un tiempo pero no sé cuánto será
- ¿A New York?-
- No… a otro lugar… pero no importa…
- ¿Le harás caso?
- Se supone que es lo mejor.- respondí, pero sus pensamientos nuevamente me marearon tanto que casi perdí el equilibrio.
Sentí que Billie me tomaba de la cintura, pero quité sus manos de mi cuerpo.

- ¿Estás bien?
- Sí, no te preocupes.- asintió.- Ahora… necesito saber si quieres saber la verdad por muy estúpida que pueda sonar y prometas creerme y no decirle a nadie, o quedarte con la versión más racional.
- ¿Qué?
- Eso… sólo decide y no pienses tanto.
- La verdad, supongo…
Suspiré.
- Puedo sentir todo lo que piensas, por eso me mareo así que te voy a pedir que, aunque sea muy difícil; pienses en la menor cantidad de cosas que puedas.
- No necesito bromas en este momento.
- No estoy bromeando. No pienses que estoy loca, y tus putas canciones no tienen nada que ver aquí así que no pienses en eso.
Billie empalideció.
- Piensa en cualquier cosa, en lo menos obvio que se te ocurra.- cerró los ojos- Puedo adivinar los números si quieres, puedo saber en qué lugares piensas, en los nombres que vas a pensar; y sí Billie, fumar marihuana es peor que fumar cigarrillos.
- ¿Cómo…?
- Por favor no te desmayes.- le pedí. No estaba segura si estaba haciendo lo correcto, pero… no sabía cómo hacerlo de otra manera.-
- ¿Desde cuándo?
- Desde que llegué.
- ¿Qué?
- Desde que llegué, desde que te conocí he sabido lo que piensas, excepto las últimas semanas en que Uriel no estaba.
- ¿Cómo?
- Esto es lo más raro que puedas escuchar en tu vida. Por favor no te desmayes- volví a pedírselo, casi implorando que no lo hiciera. Asintió, y su mente por primera vez estaba centrada sólo en las palabras que yo estaba diciendo. Cerré los ojos y junté el valor para poder hablar.- Fallecí hace cinco meses si no me equivocó. No pude ascender a lo que la gente llama “cielo” y tú eras mi misión; salvarte me daría el paso a… la vida eterna, la felicidad, el locus amoenus y ese tipo de cosas.
- ¿Qué… eres?
- Cuando me tatuaron las alas me convertí en… ángel.
- Esto es una broma.
- No, sería agradable que sólo fuera una broma, pero es algo bastante serio.
- ¿Entonces Uriel no es tu papá?
- No, un arcángel.- Me miró extrañado- Un ángel que ayuda a otros ángeles.

Asintió.
Estaba procesando toda la información.
- Supongamos que te creo, y no pienso que debería llevarte a un psiquiátrico de inmediato…
- Sabes que estás bastante convencido, aunque no quieras admitirlo
- Como sea… ¿Por qué tienes que irte?
- Porque quiero estar contigo, como nunca pensé que iba a querer estar con alguien.
- Estamos juntos hace menos de una semana.
- Lo sé; créeme, pero hay un detalle que, al menos para mí es importante.
- Y es…
- Nuestra conexión. No era normal que me tocaras y sintiera tanto dolor, o que pudiera sentir tus pensamientos aún estando lejos de ti; y ese sueño en el que me viste  cuando yo no tenía la posibilidad de entrar en tu mente significó algo.- Billie no comprendía del todo. - Eso no importa ahora en todo caso. El asunto es que… debo volver, pero no ahora. En un mes más; pero Uriel dijo que no podíamos ser nada en todo ese tiempo.
- ¿Por qué no?
- Porque es una orden para los ángeles no involucrarse con los humanos.- Recité casi de memoria, como Uriel me lo había explicado tantas veces.
 -¿Qué pasa si estamos juntos este mes? Si me olvido que eres… un ángel y te olvidas tú también.
-Si los demás se enteran nunca tendré el permiso para volver… y no sé qué sería de ti, o de mí. Puede que mis sueños se cumplan
-¿Qué sueños?
-Mis premoniciones.- expliqué- Las que consisten básicamente en lo que será tu vida si no cumplo mi misión.
-¿Pero qué sueñas?
-Tu muerte.- su corazón se aceleró.- Pero no te daré detalles.
-Mucha información para un solo día.

Asentí. Billie se quedó en silencio, y yo aproveché para hacerle un agua con azúcar.
 Supe de inmediato que le costaría asimilar todo, que tendría mil preguntas y que estaba considerando seriamente que todo era un sueño, algo demasiado irreal.
Obviamente lo comprendía absolutamente.
Le di el vaso con azúcar, el cual agradeció y luego me senté junto a él en la cocina. 

-Puedes quedarte aquí hoy y hacerme todas las preguntas que tengas, me puedes pedir lo que sea… pero sólo por hoy.- le dije acariciando su mano.
-¿Uriel no se enojará?
-Sabe todo lo que estamos hablando y no nos ha interrumpido, ni me ha regañado; creo que está bien con esto.- Volvió a mirarme desconcertado.- Tiene acceso a mi mente.
-Yo también quiero ese free-pass.- me dijo y supe que su humor estaba algo mejor.
-Créeme, no es algo tan agradable.- sonreí.- Y gracias por controlar tu mente, de verdad me tenías loca.

Asintió y bebió lo último que le quedaba. Estuvimos bastante rato en silencio. Yo no me atrevía a hablar, y Billie no sabía qué decir.
Mi ventaja era que al menos yo podía saber en qué pensaba y responder algunas cosas que pasaban por su mente.
Luego de un rato decidimos subir a mi habitación y me dispuse a responder sus preguntas y tratar de que entendiera, aunque fuera bastante difícil; toda esa caótica situación.